domingo, 13 de marzo de 2016

No hay árbol que el viento no haya sacudido.

Todos los caminos llevan a Roma. Y a mí que me da que aquello va a estar abarrotado de gente. Quizás lo bonito se eso, salir huir de Roma. Andar sin cansarnos hasta salir de esa horma en la que todo el mundo pretende entrar. Ser diferentes, encontrar la felicidad más allá de un simple trozo de papel.
Una elige con quien duerme, no con quien sueña. Y yo aquí, echándote de menos aún teniéndote cerca y soñando contigo aún estando abrazados en una cama de noventa. Que he encontrado con quién andar despacio y llegar al sitio exacto. A quién se pide el lado de la pared y yo me pido dormir a su lado.


Que si Roma queda lejos más lejos quedaban tus labios.
Y mírate, míranos.

sábado, 12 de marzo de 2016

“Nada es para siempre”. ¿Y por qué no?

Es fácil pensar en ti cuando amanece. Justo cuando despierto en esos días nublados y me encojo debajo de las sábanas tibias esperando ese abrazo que no llega. Cuando necesito los buenos días al oído o mientras tomo un café caliente antes de enfrentarte a eso que llamamos mundo. Cuando hay que creer en algo, o aún peor, en alguien, y tú cruzas fugazmente mi mente. Cuando tengo tantas dudas que se me juntan con las ganas, y ya no sé que es peor.

El pasado nunca vuelve y lo que acabas de leer ya forma parte de él. El último abrazo, el último te quiero al oído justo al bajar del ascensor. La última tarde tirados en el sofá entre risas y besos mientras una película suena de fondo. Cuando me aprietas la mano justo antes de decirme que crees en mi aunque yo siga sin creer en nada.

Igual eso es lo que necesito, eso es lo que necesitamos. Que llegue alguien que nos demuestre que si existen los “para siempre”, que nos haga reír en cada caricia. A quién echar de menos cada mañana. Alguien que nos diga que no es tan difícil aunque lo sea, que le quite imposibilidad a los imposibles, que nos haga probable lo improbable.


Que pase a recogernos cualquier mañana de invierno y comience nuestra primavera.