Todos los caminos llevan a Roma. Y a mí que me da que
aquello va a estar abarrotado de gente. Quizás lo bonito se eso, salir
huir de Roma. Andar sin cansarnos hasta salir de esa horma en la que todo el
mundo pretende entrar. Ser diferentes, encontrar la felicidad más allá de un
simple trozo de papel.
Una elige con quien duerme, no con quien sueña. Y yo aquí,
echándote de menos aún teniéndote cerca y soñando contigo aún estando abrazados
en una cama de noventa. Que he encontrado con quién andar despacio y llegar al
sitio exacto. A quién se pide el lado de la pared y yo me pido dormir a su
lado.
Que si Roma queda lejos más lejos quedaban tus labios.
Y mírate, míranos.
Y mírate, míranos.

