Buscaba una mirada valiente, que me quitara los miedos sin ni siquiera rozarme. Que convirtiera mi cuerpo en poesía si lo tocaban sus manos.
Y así fue.
Te encontré cuando dejé de buscarte, cuando ya casi había firmado el olvido. Me marcaste sin herirme y curaste, a besos, cada una de mis viejas cicatrices.
Y aquí sigo, a tu lado, perdiéndome en canciones que nunca esperé escuchar.

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